lunes, 15 de mayo de 2017

El "tambú", una moneda de concha utilizada en la actualidad.

El “tambú”, una moneda de concha utilizada en la actualidad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 60(1112) (Septiembre 2004): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Aunque pueda parecer increíble, todavía en el siglo XXI se siguen utilizando de forma cotidiana primitivas monedas-concha en algunos remotos y apartados lugares del planeta. El ejemplo más destacado lo encontramos en el “tambu” o “diwarra” utilizado por las gentes de la población Tolai, que vive en las islas del Duque de York y Península de Gazelle, en la provincia de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea, Figura 1). La moneda “tambú” está formada por pequeños caracolillos de la especie Nassarius camelus, atravesados por una larga varilla, que se mide en brazas (1 braza= 183 cm.), éstas pueden determinarse de una forma aproximada y sencilla estirando los brazos, la distancia entre ambas manos viene a ser una braza,  a su vez  divisible en pequeños fragmentos o varillas que llevan 10-12 conchas cada una.


Figura 1.- Zona habitada por el pueblo Tolai.

Este pequeño caracolillo es recolectado por los habitantes del poblado de Olive, situado al sur de la isla de Nueva Georgia en las Islas Salomón, y tanto hombres como mujeres, bucean para obtener estas pequeñas conchas, que tras un proceso de secado y limpieza, son vendidas a los Tolai de Nueva Bretaña en Papua. Se trata por tanto de un comercio “internacional” entre dos estados vecinos: en las Islas Salomón está la “fabrica” de la moneda que será utilizada por sus vecinos isleños de Papúa. Una vez en manos de los Tolai, se les practica un orificio en la parte superior, con el fin de poder ensartarlos en una varilla de mimbre. Cada braza (“pokono”) contiene unos 300 caracolillos y tiene un valor aproximado de unas 3.5 kinas (aproximadamente un dólar americano).


Figura 2.- Ristras de “tambu”. (a): detalle del caracolillo Nassarius camelus.

En Rabaul (capital de la región) existía un banco donde se guardaba y almacenaba esta singular moneda. En este “Centro de Cambio de Tambú” había incluso un curioso teléfono que funcionaba con monedas-concha, pero dicho banco y toda la región fue arrasada por una erupción volcánica en 1994. A pesar de ello, la moneda-concha sigue utilizándose en la actualidad, y los datos del año 2002 indican que existen en circulación o almacenadas (como ahorros), una cantidad de monedas-concha equivalentes a unos ocho millones de kinas (más de dos millones de dólares USA).

Figura 3.- La ciudad de Rabaul destruida por la erupción volcánica de 1994 (1).

El 13 de febrero del año 2002, se restableció en Rabaul un centro de cambio oficial denominado “A Pal na Tabu” (Casa de la moneda-concha), con una conversión de 1 braza de moneda-concha = 4 kinas, centro autorizado oficialmente por el gobierno de la provincia de Nueva Bretaña del Este (Papua). Se trata pues, de una moneda-concha legal u “oficial”, reconocida por el Estado como tal. En la actualidad “circulan” como moneda más de seiscientos millones de caracolillos, pero tampoco se libra de las falsificaciones: con conchas muy parecidas, de la especie Nasarius fraudulentus, ensartadas de la misma forma que el “diwarra”, se fabrica el “eddi” o falso diwarra. También los comerciantes europeos, a finales del s. XIX, fabricaron imitaciones de este caracolillo para comerciar con los tolai, pero a diferencia de lo que ocurrió en otros lugares donde las imitaciones fueron aceptadas (dientes de perro de porcelana fabricados por los alemanes para comerciar en sus colonias de Papúa, discos de cerámica fabricados por los portugueses  a imitación del “ndoro” realizado con la concha de la caracola Conus, para comerciar en la costa de África oriental, introducción en la costa occidental africana de la especie Cypraea annulus en vez de C. moneta, etc...), los tolai rechazaron sistemáticamente las imitaciones y falsificaciones. Sin duda, esta fidelidad a la moneda tradicional genuina, es una de las causas que han permitido que conserve su valor y vigencia en nuestros días.


Figura 4.- Compra cotidiana en el mercado con “moneda concha” (2). (a): Detalle de la moneda concha utilizada en transacciones; (b): Cestillo utilizado para llevar la “moneda”.

Además de su uso cotidiano para realizar pequeñas compras, el tambú también se almacena en largas ristras, que se atan a una estructura circular formando un rollo o “loloi” con aspecto de neumático con un diámetro de un metro y una anchura del cilindro que forma el rollo de unos 14 centímetros. Todo el rollo se recubre con hojas secas y se ata con cuerdas para proteger su valioso contenido. Estos “loloi” pueden almacenar unos 600 metros de varilla, que lleva unos cien mil caracolillos regular y cuidadosamente ensartados. Aunque su tamaño real es de un metro, si desplegamos su interior, tal como se hace por ejemplo en las ceremonias funerarias para distribuir su contenido, en realidad sería la moneda más larga del mundo, con una longitud de más de medio kilómetro!. Algunos de estos rollos de moneda concha constituyen los ahorros de toda una vida y se usan para repartir entre los herederos y amigos tras la muerte del propietario, en ceremonias donde se cortan públicamente y distribuyen fragmentos del “loloi”.
Las primeras observaciones realizadas sobre estas primitivas monedas-concha se remontan a 1875, fecha en que arribaron a la zona los primeros misioneros a quienes llamó la atención el complejo y sofisticado sistema monetario existente en la región. A pesar de la introducción y uso de la moneda occidental (primero la inglesa como colonia de Gran Bretaña, luego la australiana y actualmente la moneda oficial de Papúa, la kina), aún se conserva la moneda-concha tradicional, tanto para su uso económico cotidiano (para hacer la compra en el mercado), como para su utilización en ceremonias (bodas, funerales...).


Figura 5.- “Loloi” o rollo de moneda concha. Imágenes de exhibición de la moneda concha en 1910 y en el 2010. Al fondo, grabado de 1882 donde se muestra el cadáver de un jefe expuesto junto con los aros de moneda concha que poseía, como símbolo de prestigio.

Otra zona donde actualmente siguen en vigor las monedas-concha, es en la provincia de Malaita en las Islas Salomón (Figura 6), donde se usan con este fin varios tipos diferentes de collares de cuentas elaborados con conchas de variados colores. Como ocurre con el “tambú”, también aquí existen especialistas en fabricar este tipo de moneda-concha, son los habitantes de Langa Langa, en la costa noroccidental, los que se ocupa actualmente de recoger las conchas, fabricar las cuentas, que a diferencia del “tambú” exigen un mayor trabajo de manipulación, ya que cada una de ellas está formada por un pequeño disco o cilindro delicadamente pulido y perforado, así como la elaboración de los diferentes tipos de “collares” que servirán como moneda para ellos mismos y para otras tribus de la zona. La moneda “isae galia”, fabricada con conchas blancas, se utiliza exclusivamente para regalos de boda, pero existen otros muchos tipos de collares que reciben la denominación genérica de “Akwala afu”, desde el más valioso “maifuo”, donde las hileras de sartas de diferentes colores se combinan de forma determinada, hasta los más modestos “gwae-uruuru” o “buigao”. Con estos diferentes tipos de monedas-concha, se realiza el comercio con las tribus vecinas. En 1990, 150 cuentas “ke’e” equivalían a un dólar USA.  


Figura 6.- “Tafuliae”, moneda concha de las Islas Salomón, detrás una antigua imagen de una mujer perforando los discos de concha para fabricar la “moneda”.

(1) Imágenes del U. S. Geological Survey Volcano Disaster Assistance Program's

(2) Imagen del Geldgeschichliches Museum, Kreissparkasse Köln, Alemania.



lunes, 1 de mayo de 2017

El jetón de la Isla de los Faisanes.

El jetón de la Isla de los Faisanes. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1249) (Marzo 2016): pp. 48-50.

Miguel Ibáñez Artica.

Entre los jetones conmemorativos emitidos por los distintos servicios de la administración real francesa durante el denominado “siglo de oro”, podemos señalar los alusivos al tratado de paz de los Pirineos y al matrimonio del Rey Sol, Luis XIV de Francia, con la hija del monarca español Felipe IV.
En varios de los tipos emitidos, aparecen en el anverso los bustos enfrentados de Luis XIV y María Teresa de Austria, con la leyenda: LVD XIIII ET MAR THER D G FR ET NAV REX ET REG (Luis XIV y Mª Teresa, por la Gracia de Dios, Rey y Reina de Francia y Navarra), y hay uno especialmente interesante por su original reverso: el plano de Isla de los Faisanes, en la localidad de Irún, lugar donde se firmó el tratado (Figura 1) que lleva la leyenda AETERNO FOEDERE IVNGAM (unidos por un pacto eterno) (Feuardent 13027).


Figura 1.- Jetones que muestran en el reverso la Isla de los Faisanes.

            En este reverso, podemos observar como a ambos lados de la Isla se extienden sendos puentes, soportados cada uno por tres barcazas, y aparece bajo dos formas diferentes: con la fecha 1660, o con una decoración ondulada en el exergo. Esta representación de la Isla de los Faisanes, además del tipo que presenta en el anverso los bustos enfrentados de los monarcas, figura también en algunos otros jetones de la época emitidos por el consejo (F. 223, 224) y la administración del rey (F. 12551-12553), en el condado de Artois (F. 6968), revertido al dominio francés por el Tratado de los Pirineos, e incluso en jetones particulares como el emitido por el notario Jean de La Balle (F. 3829) (Figura 2).


Figura 2.- Enlaces de cuños de los diferentes jetones donde aparece la Isla de los Faisanes.

            La minúscula Isla de los Faisanes, situada en medio del río Bidasoa a la altura del paso fronterizo de Behobia, ya había gozado de gran protagonismo unos años atrás, cuando en noviembre de 1615, los embajadores de Francia y España realizaron el intercambio de dos princesas en este lugar neutral: Isabel, hija de Enrique IV de Francia, prometida y futura esposa de  Felipe IV, y la hermana de éste, Ana de Austria, prometida de Luis XIII y futura reina de Francia (Figura 3). El nombre que recibe actualmente de Isla de los Faisanes, no tiene que ver con la exótica gallinácea, sino que puede ser una degeneración del término “pausan”, derivado del vasco “pausu” o “paso”, peaje que debía pagarse en este lugar al cruzar la frontera, o bien derivar del nombre francés de “L’île des faisants”, o “isla de los negociadores”.


Figura 3.- Representación idealizada del intercambio de princesas en la Isla de los Faisanes, a la derecha Ana de Austria y a la izquierda Isabel de Francia.

            Sin embargo, el acontecimiento histórico más importante acaecido en este remoto lugar, tuvo lugar entre agosto y noviembre de 1659, cuando se produjeron hasta 24 reuniones en la Isla de los Faisanes entre el cardenal Mazarino, en representación de Francia, y don Luis de Haro por parte española (Figura 4), que concluyeron con el que sería conocido como “Tratado de los Pirineos”, por el que España cedía a Francia el condado de Artois, la región del Rosellón y algunas plazas fuertes en los Países Bajos. La paz entre ambos países se sellaba con un matrimonio, el del monarca francés con la infanta María Teresa, hija mayor del rey de España Felipe IV, además se pactaba una dote de medio millón de escudos de oro a cambio de la renuncia de la princesa a la corona de España, dote que nunca fue pagada y que propició más tarde las pretensiones francesas al trono, que cristalizaron con la instauración en España de la dinastía francesa de los Borbones en la persona de Felipe V, nieto de María Teresa y Luis XIV.


Figura 4.- Grabados de época que muestran las construcciones realizadas en la Isla de los Faisanes para la ceremonia y mapa representado en el jetón conmemorativo.

El día 3 de junio tuvo lugar en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía la boda por poderes entre  María Teresa y Luis, y al día siguiente, en el pabellón construido en la Isla de los Faisanes se produjo el encuentro de la infanta y el rey Felipe IV con Ana de Austria, hermana del monarca español y madre del rey francés Luis XIV.

Tres días más tarde, las delegaciones de ambos reinos luciendo sus mejores galas, se reunieron en el salón construido para la ocasión en la isla y lujosamente decorado por el mismo Velázquez, donde una línea que lo cruzaba de extremo a extremo marcaba la frontera entre Francia y España, allí los dos monarcas rubricaron el Tratado de los Pirineos, formalizando el acuerdo de paz, alianza y amistad entre los dos reinos. Eso sí, sin que ninguno de ellos cruzase la línea fronteriza situada en medio del salón (Figura 5).

A partir de 1856, la Isla de los Faisanes, con apenas dos mil metros cuadrados de superficie, se convirtió en el condominio más pequeño del mundo, donde actualmente ejercen su autoridad los comandantes navales de Bayona y San Sebastián, que se alternan en el mandato cada seis meses.


Figura 5.- Reunión de Felipe IV y Luis XIV en la Isla de los Faisanes.

A pesar de la trascendencia histórica de estos acontecimientos, existen algunos detalles curiosos que han pasado más desapercibidos. Con el fin de realizar los preparativos de la ceremonia, Felipe IV designó al famoso pintor Diego de Velázquez, que en esas fechas ostentaba el importante cargo de Aposentador Real, mientras que por parte francesa se nombró responsable a un capitán de los mosqueteros llamado Charles de Batz-Castelmore, conde de Artagnan (c. 1611–1673), que en 1657 había entrado en la compañía de mosqueteros como capitán, convirtiéndose en confidente del monarca. En este personaje se inspiró el escritor Alejandro Dumas para su famosa novela (Figura 6), si bien situó al personaje de ficción unos años antes, bajo el reinado de Luis XIII y con el cardenal Richelieu como primer ministro del reino. El verdadero D’Artagnan murió en el sitio de Maastrich en 1673, alcanzado por una lluvia de balas, mientras que el pintor Velázquez, a los pocos meses de su regreso de la Isla de los Faisanes, en julio de 1660, contrajo la viruela, y el seis de agosto, fallecía. Probablemente algunas de las últimas obras del famoso pintor, fueron las realizadas para decorar el lujoso salón construido en la Isla de los Faisanes.


Figura 6.- D’Artagnan en una moneda conmemorativa francesa y Velázquez en un billete de 50 pesetas.

Muy probablemente ambos personajes se conocieron en la Isla de los Faisanes (Figura 7), pero ignoramos completamente cuáles pudieron ser sus relaciones. En cualquier caso, hay aquí un material suficiente para escribir una novela con tintes históricos, que con toda seguridad alguien -algún día-, abordará.



Figura 7.- Jetón francés con el plano de la Isla, y al fondo la Isla de los Faisanes en la actualidad.


            Con posterioridad, la Isla de los Faisanes siguió cumpliendo su papel diplomático, y el 3 de noviembre de 1679 María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV fue entregada para contraer matrimonio con Carlos II, y el 9 de enero de 1722 se volvió a producir un canje de princesas, Luisa Isabel de Orleans para desposarse con el futuro Luis I (hijo de Felipe V), y María Ana, hija del monarca español, con Luis XV, aunque en este caso la boda no llegó a celebrarse. Nuevamente el 13 de enero de 1745, se entregó a María Teresa Antonia, para desposarse con el hijo primogénito de Luis XV, que fallecería antes que su padre



sábado, 15 de abril de 2017

Los "Tokens de las barbas".

Los “Tokens de las barbas”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1251) (Mayo 2016): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Entre los objetos monetiformes, es decir, aquellos que parecen monedas pero no lo son, encontramos una gran variedad de elementos, que van desde los utilizados como fichas contables o jetones en las Edades Media y Moderna, hasta los que cumplen una función de recibo o pase (como las fichas utilizadas actualmente en los parques de atracciones).

En ocasiones, estas denominadas “fichas” en castellano o “tokens” en inglés, servían como recibo de algún pago realizado, y en este grupo podemos incluir uno de los objetos más curiosos de la “exonumia*” mundial. Se trata del conocido como “token de las barbas”, acuñado en Rusia en 1705 y 1725, y que constituía una tasa o impuesto -denominado “borodoràia”-,  por el hecho de ¡llevar barba!

Extraordinariamente raros, existen dos tipos diferentes, el primero acuñado en 1705, es redondo y presenta en una cara la imagen de una nariz rematada por un largo mostacho y unas barbas con la leyenda en ruso “moneda recibida”, y en la otra cara el águila imperial y bajo ella la fecha 1705 en caracteres cirílicos (Figura 1) con leyenda de anverso: ДЕНГИ ВЗИТЬІ (“Moneda/tasa cobrada”) y en el reverso АΨЕ ГОДУ (Año 1705). Los emitidos entre 1722 y 1725, todavía más escasos, son cuadrados, más grandes (Figura 2), y muestran en el anverso el texto en ruso: “impuesto por llevar barba”.


Figura 1.- “Tokens de las barbas” de 1705.



Figura 2.- “Token de las barbas” de 1725.

Los primeros de estos tokens se dieron a conocer en el mundo de la numismática en 1845, a través de un artículo publicado en la revista Numismatic Chronicle por Walter Hawkins, conservador del British Museum y presidente de la Sociedad Numismática de Londres. La utilización de estos curiosos tokens hay que contextualizarla en un momento crítico para Rusia: el zar Pedro I, apodado “el Grande” (Figura 3) tanto por su estatura (superaba los dos metros), como por sus acciones, había heredado en 1682 un vasto reino anclado en un sistema feudal propio de la Edad Media, y a su muerte a comienzos de 1725, había conseguido transformar Rusia en una de las principales potencias europeas.


Figura 3.- El zar Pedro I rompe con las tradiciones de sus antepasados (su padre Alejo I o su abuelo Miguel I) y renueva su imagen personal, renunciando a las barbas y a las vestimentas ostentosas, sus sucesores masculinos seguirán esta nueva tendencia hasta que en la segunda mitad del siglo XIX, los últimos Romanov retomarán la costumbre de llevar barba.

La personalidad del Zar, se desarrolló bajo la influencia de la denominada “colonia alemana” de Moscú, habitada por extranjeros y donde aprendió sus costumbres, cultura y tecnología, mucho más avanzada que la existente en la Rusia tradicional. En 1697 realizó un viaje de incógnito por toda Europa contactando con muchos técnicos y especialistas. A su regreso, en 1698, organizó una gran fiesta a la que invitó a nobles y cortesanos, y ante el asombro de los asistentes, comenzó a cortar las barbas de los allí presentes (Figura 4). Hay que tener en cuenta, que en esta época, la barba era un símbolo de prestigio y autoridad, y mientras en los estamentos religiosos se consideraba como la imagen y semejanza de Dios, para el Zar, suponía tan solo el símbolo de una sociedad atrasada que era necesario modernizar. Por este motivo durante ese mismo año se publicó un decreto prohibiendo a los hombres llevar barba, orden que solo fue cumplida por las personas que tenían contacto directo con el Zar y provocó un gran descontento entre la población y los estamentos religiosos.


Figura 4.- Grabado de la época donde un funcionario del Zar elimina las pobladas barbas de un noble boyardo.

La legislación sobre barbas y bigotes tiene sus antecedentes en Inglaterra, donde en 1447 el último Lancaster Enrique VI (que no usaba barba ni bigote), emitió un decreto prohibiendo el uso de bigotes, y un siglo más tarde, Enrique VIII -que llevaba barba-, creó en 1535 un impuesto progresivo por portar barba, proporcional al estatus social de la persona con rostro hirsuto. En el primer caso se debía a razones personales del monarca, y en el segundo era probablemente un impuesto suntuario, considerando el pelo facial como símbolo de riqueza. Al parecer, la heredera de Enrique VIII, Isabel I de Inglaterra, mantuvo el impuesto sobre las barbas hasta que en 1560 quedó completamente abolido y olvidado.

            Los motivos que llevaron a Pedro I de Rusia a penalizar el uso de las barbas no fueron estrictamente de índole fiscal, más bien se trataba de imponer una transformación del País, que pasaba por modificar algunos hábitos y costumbres, como el que tenían los hombres de portar pobladas barbas. En 1698 el zar emitió el primer decreto limitando el uso de la barba en los hombres, que produjo un gran número de quejas y protestas, y ante la oposición popular, se emitió un segundo decreto imponiendo una serie de condiciones a las personas que portaran barba: deberían llevar un vestido especial con cuello de color rojo y sus esposas debían portar sombreros con cuernos. En caso de incumplir esta orden, la multa era de 50 rublos, y de no poder pagarla, se desterraría al infractor.

            El 16 de enero de 1705 se emitió el decreto de que quienes decidieran llevar barba deberían pagar un elevado impuesto anual que oscilaba entre los cien y treinta rublos. Como prueba del pago realizado, las personas recibían una ficha o token, que debían portar permanentemente  y mostrarlo cuando les fuera requerido por los oficiales del zar. Muchos de estos tokens llevan un resello con el águila imperial bicéfala como convalidación de un segundo pago realizado (Figura 5).


Figura 5.- Tokens “de las barbas” resellados.

            Entre los años 1722 y 1725 se acuñaron nuevos tokens, esta vez más grandes y de cospel cuadrado y que no llevaban la imagen alusiva a las barbas de los emitidos en 1705.

            Los dos tipos de estos curiosos “tokens de las barbas”, son extraordinariamente raros, ya que al suspenderse las leyes que restringían el uso de las barbas tras la muerte de Pedro I, los impopulares y odiados tokens fueron destruidos en su mayoría, siendo ya muy escasos los ejemplares que se podían localizar en Rusia en el siglo XIX. La mayoría de los que podemos ver en la actualidad son en realidad “novodels”, imitaciones realizadas por la Casa de Moneda de Rusia en el siglo XIX para satisfacer la demanda del coleccionismo por estos curiosos objetos (Figura 6). Incluso en la actualidad, existe una asociación en Estados Unidos que se dedica a comercializar objetos relacionados con estos singulares tokens,  que se ha puesto de moda y tiene gran aceptación en el mundo de los moteros (http://www.beardtoken.com/).


Figura 6.- Diversos tipos de “novodels” del “Token de las barbas”.


En España, pueden adquirirse las reproducciones de estos “tokens” en la Tienda-Museo de Sos del Rey Católico (Zaragoza).



sábado, 1 de abril de 2017

Monedas populares o sociales: almudes, fanegas y jornales.

Monedas populares o sociales: almudes, fanegas y jornales. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 59(1105) (Febrero 2003): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.

Además de la moneda “oficial”, durante ciertas épocas y en determinados lugares, han circulado otros tipos de moneda “local” en ámbitos más o menos restringidos. Los primeros antecedentes documentados sobre este fenómeno aparecen  en los informes presentados ante la inquisición española y ante el monarca Carlos III, por Agustín Coronas y Paredes, entre los años 1724 y 1768. En ellos se daba cuenta de un tipo de moneda popular, denominado “claco” o “tlaco”: “ ...numerosos tipos de monedas que se usan en las tiendas de los mestizos de la ciudad de México y en otras partes de reino, las hay de metal, de cobre y algunas son de madera y cada una de ellas lleva un nombre o es denominada por algún sonido...”. Debido a la escasez de moneda fraccionaria, los comerciantes, las haciendas y las empresas mineras acuñaban su propia moneda, llamada “claco” que en lenguaje náhuatl significa “mitad”.

No hay que viajar mucho en el tiempo para descubrir este tipo de moneda social alternativa a la oficial. La mejor conocida actualmente es la utilizada en los “clubs de trueque” en Argentina, denominada “crédito”. Cada club está formado por una serie de personas, “prosumidores”, utilizado el término acuñado por Toffler. Es decir personas, que son simultáneamente productores y consumidores de bienes y servicios. El primer club de trueque surgió en Buenos Aires en abril de 1995 con una treintena de socios. En la actualidad (2003) ya existen más de 450 clubs, donde medio millón de personas utilizan este sistema de forma cotidiana, y más de un millón de forma esporádica. Se estima que cada año se intercambian bienes y servicios por unos 400 millones de dólares utilizando los “créditos” (Figura 1).


Figura 1.- Ejemplos de “moneda social”: “Crédito” argentino,

La experiencia no es nueva y tiene precedentes en los “notegeld” alemanes emitidos después de la I Guerra Mundial. En la actualidad son numerosas las comunidades que en  todo el mundo utilizan monedas sociales o alternativas, como mecanismo de defensa ante la profunda crisis económica que atenaza y ahoga a numerosos países en todo el planeta.


Figura 2.- “Notegeld” alemanes emitidos tras la I Guerra Mundial. Estas monedas de necesidad locales se fabricaron con elementos muy variados, como cerámica o hierro.

Estas “monedas sociales” o “paralelas” son objeto de estudio por parte  de los economistas y sociólogos(1), pero sin embargo constituyen el “pariente pobre” en el campo de la numismática y suelen considerarse como fichas u objetos monetiformes pero no como auténticas monedas. Por el contrario, los magníficos ejemplares de oro y plata acuñados desde la Edad Media, como las doblas de diez doblas, los centenes o los cincuentines, que probablemente nunca fueron utilizados como moneda, sino más bien como objetos de regalo y prestigio, sí que aparecen en todos los catálogos, al igual que las modernas acuñaciones conmemorativas en oro y plata que realiza la Fábrica de la Moneda, dirigidas exclusivamente al mercado del coleccionismo. Todas estas vistosas piezas son denominadas monedas, aunque cumplen una función medallística, por el contrario, las “monedas paralelas” que sí han circulado y cumplido plenamente una función monetaria, muchas veces son denominadas “fichas” o “tokens”.

Con respecto al contexto en que han circulado las monedas populares, existe una enorme variedad de ámbitos: emisiones realizadas por los ayuntamientos, por algunas fincas y haciendas para sus trabajadores, por sindicatos y cooperativas obreras, por gremios de comerciantes, etc... También son variadas las denominaciones o unidades de valor que expresan, y aunque en muchos casos se indica en ellas la moneda oficial en curso (reales, pesos, centavos, bolívares, pesetas, céntimos...) en otros,  presentan denominaciones populares como “jornales”, “peones” (peonadas), “días” y “días de trabajo”, “tareas”, “cajones”, “cajas”, “cajuelas”, “barriles”, “tarros”, “bolsas”, “medidas”, “mitades”,   “fanegas”, “almudes”, “cuartillos”, etc... No hay que olvidar que la misma palabra “peseta”,  proviene del apelativo popular con que la gente bautizó la pieza de dos reales de plata, y este término fue adoptado para designar la unidad monetaria española tras el derrocamiento de Isabel II, sustituyendo la antigua denominación de “real”.


Figura 3.- Jornales, cuartos y medios jornales emitidos en Osuna (Sevilla) y Fanegas y medias fanegas acuñadas en Antequera (Málaga).

Al analizar las diversas denominaciones que han recibido las monedas populares, tanto en España como en América, encontramos por una parte nombres que hacen referencia al pago de un tiempo determinado de trabajo (jornales, peonadas, días de trabajo, horas...), lo cual resulta lógico, ya que el trabajador recibe su jornal en una moneda denominada precisamente “jornal”. Lo que resulta más curioso es la frecuencia de términos relacionados con diferentes medidas de capacidad, generalmente utilizadas para los cereales: almudes, fanegas, cajuelas, cuartillos...


Figura 4.- Almudes y fanegas utilizados en Puerto Rico y Cuba.

Este hecho está relacionado con la costumbre de abonar los salarios en especies  (muchas veces en cereal) medidas en unidades de capacidad, como las fanegas y los almudes. En muchos pueblos de Navarra, hasta bien avanzado el s. XIX, existía la costumbre de abonar el salario del maestro o maestra del pueblo en robos de trigo, siendo el robo una medida tradicional en Navarra hasta hace muy poco tiempo. En otros casos, el trabajador que recolectaba un determinado número de unidades de volumen (de café, cereal…), recibía estas fichas acreditativas, que posteriormente canjeaba por dinero en las oficinas de la hacienda o cortijo.

A pesar de la existencia de importantes catálogos para algunas regiones (la obra de A. López sobre las monedas de cooperativas catalanas o la de R. Rulau sobre los “tokens” latino-americanos) queda un largo camino por recorrer en el estudio y conocimiento de este interesante y desconocido campo de la numismática.

(1) En los últimos años, y con posterioridad a la publicación de este artículo, han aparecido varios trabajos sobre este tema, por ejemplo:
Gryckiewicz,M.  & M. Puertas A la sombra delarbolito. Catálogo de monedas sociales de Argentina y Uruguay. II Conferencia Internacional en Circuitos Monetarios Complementarios en las Diversas Economías. La Haya, Holanda. 19-23 junio, 2013. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

El español en monedas y jetones.

El español en monedas y jetones. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1253) (Julio/Agosto 2016): pp. 45-47.

Miguel Ibáñez Artica.

            Desde el siglo primero antes de nuestra Era, cuando tras la batalla de Munda el 45 a.C., la escritura en caracteres “ibéricos” comenzó a abandonarse para desaparecer en tiempos de Augusto, los textos que figuran de las monedas hispanas fueron redactados en latín durante las Edades Media y Moderna (con la excepción del período de ocupación musulmana en el que se utilizó el árabe) hasta comienzos del siglo diecinueve.

En Barcelona, durante la ocupación francesa, se produjeron diferentes emisiones con la leyenda en castellano (monedas de plata de 5, 2,5 y una peseta, y de cobre de 4, 2, 1 y ½ cuarto) emitidas a nombre de José Napoleón entre 1808 y 1814 (Figura 1a), y poco después, en 1822 y 1823 a nombre de Fernando VII con las leyendas: “FERNANDO 7 POR LA GRACIA DE DIOS Y LA CONSTITUCION”, y “REY DE LAS ESPAÑAS”” (Figura 1b).


Figura 1.- Monedas con leyendas en español, acuñadas en Barcelona a nombre de José Bonaparte y Fernando VII.

            Aunque estas monedas suelen figurar como las primeras que presentan la leyenda escrita en español, las emisiones más antiguas en castellano se remontan al siglo XVI: son las piezas de vellón de dos cuartos, acuñadas en las cecas de Burgos, Valladolid y La Coruña entre 1566 y 1598.

Se trata de unas modestas moneditas, relativamente comunes y que suelen estar muy recortadas, con lo que las leyendas no suelen estar completas (Figura 2). En el anverso rodeando al castillo, podemos leer: “+ DON º PHILIPPE º”, mientras en el reverso, circundando la figura del león, aparece el texto: “+ REI º DE º HESPANA º”. Estas piezas, las primeras monedas españolas que presentan sus textos escritos en castellano, convivieron con otras similares, pero con leyendas escritas en latín, acuñadas con el mismo valor de dos cuarto en las cecas de Cuenca, Granada, Segovia y Toledo.


Figura 2: Las primera monedas con leyendas en español en tiempos de Felipe II.

            Este intento de “popularizar” la moneda, utilizando el castellano en vez de la tradicional lengua culta itálica, no llegó a cuajar y no tuvo continuidad, así que durante los siguientes reinados hasta comienzos del siglo XIX, las leyendas monetarias siguieron redactándose en latín.

            La “normalización” del uso del castellano, vino como consecuencia de la entrada de España en el “Nuevo Régimen”, lo mismo que previamente había ocurrido en Francia a partir de la Revolución Francesa, donde a partir de los decretos del 9 de abril de 1791 y 6 de febrero de 1793 los textos de las monedas en latín fueron definitivamente sustituidos por el francés. Sin embargo, tal como hemos visto que ocurrió en España, en Francia también existía un precedente, en este caso de época medieval: la moneda de vellón con valor de medio carlín acuñada en la villa de Aquila (reino de Nápoles) a nombre de Carlos VIII (1483-1498) donde figuran las leyendas “CHARLES*ROI*DE*FRE” y “+CITE*DE*LEIGLE” escritas excepcionalmente en francés (Duplessy, 1988, nº 623).

            Los inicios del uso del español en las monedas de forma generalizada(1), se dan durante el denominado “Trienio Liberal”, entre 1820 y 1823, desapareciendo completamente en el período siguiente denominado “Década Ominosa” (1823-1833), para volver a reaparecer, esta vez de forma definitiva en el estado liberal surgido durante el reinado de Isabel II (1833-1868). Las primeras monedas en oro y plata con leyendas en castellano se corresponden con las emisiones de piezas de 80 y 20 reales de la ceca de Madrid en 1834, mientras que las de cobre comienzan un año más tarde en la ceca de Segovia (Figura 3).


Figura 3: Primeras monedas de oro, plata y cobre, acuñadas con las leyendas en castellano bajo el reinado de Isabel II.

            Además de lo comentado hasta ahora sobre el empleo de la lengua española en los epígrafes monetarios, hay que mencionar un hecho muy poco conocido: su uso en el siglo XVI en los jetones emitidos por los monarcas navarros (que gobernaban en la denominada “Navarra Francesa” o “Baja Navarra”) (Figura 4).


Figura 4.- Jetones de la Navarra francesa en español.

            En primer lugar encontramos dos tipos de jetones de Antonio de Borbón, rey consorte de Navarra desde 1555 hasta su muerte en el sitio de Rouen en 1561, donde aparece en el anverso la enigmática leyenda “NO SON TALES MYS AMORES”. En este tipo, emitido en plata en 1555 y en cobre en 1560, figura en el anverso la referida leyenda en castellano y un escudo coronado semipartido: a la izquierda, los escudos de Navarra y Borbón, y a la derecha los de Navarra, Albret, Bearn, Armañac-Rodez, Evreux, Aragón, Castilla y León, y Bigorre en el centro. Todo ello entre dos ramas de rosal entrelazadas. En el reverso, la leyenda “AD CALCVLOS REVERTERE 1555 (o 1560)”y  el escudo coronado cuartelado de Navarra y Borbón, rodeado del collar de San Miguel (Figura 5). Esta última leyenda, que podemos traducir por “el regreso al cálculo”, tal vez podría referirse a la intrusión que en esos momentos hacía el álgebra como herramienta matemática, compitiendo con la tradicional forma de llevar la contabilidad administrativa con ayuda de jetones.

            Un segundo tipo emitido en plata, muestra el mismo anverso con la leyenda en castellano, y en el reverso: “EX TOTO PARS EX VERO SIMILE” con un corazón en el centro rodeado de seis crucecitas, todo ello dentro de un óvalo.


Figura 5.- Jetones de Antonio de Borbón (1555 y 1560) con leyenda en español “NO SON TALES MYS AMORES”.

            También la reina Juana III de Navarra, esposa de Antonio de Borbón emitió un tipo en plata, cobre y latón con la leyenda en castellano “HASTA LA MVERTE” en el reverso. El anverso de esta emisión presenta el busto real con tocado de viuda  mirando a la derecha y la leyenda “IEHANNE PAR LA G. D. DIEV RE D. NAVAR” y en el reverso una gran letra S cruzada por una barra y la mencionada leyenda “HASTA LA MVERTE” (Figura 6).


Figura 6.- Jetones de Juana de Albret con la leyenda en castellano: “HASTA LA MVERTE”.

En este caso, dado que el busto de la reina presenta el característico tocado de viuda, estos jetones tuvieron que emitirse en la década comprendida entre 1562 (muerte del rey) y 1572 (fallecimiento de la reina Juana).

            Resulta problemática la interpretación de las leyendas “NO SON TALES MYS AMORES” y “HASTA LA MVERTE”. En el primer caso, habida cuenta de que este tipo de jetones comienza a emitirse en 1555, fecha en la que Antonio de Borbón es rey consorte de Navarra, en el mejor de los casos, podríamos hacer una interpretación de esta divisa en el sentido de que Antonio, en una declaración de modestia,  no ambicionaba los bienes terrenales, representados por este jetón que servía para llevar las cuentas de ingresos y gastos de la casa real (la leyenda rodea el escudo de la reina). Pero dadas las vicisitudes del momento, esta frase parece vaticinar lo que acaecería pocos años más tarde cuando Antonio se pasa al bando católico, mientras Juana sigue defendiendo tenazmente la causa protestante(2).

            Más sencilla resulta la interpretación de la segunda leyenda “HASTA LA MVERTE”, habida la firme creencia de la reina Juana en el protestantismo, que abrazó en 1560, imponiendo el calvinismo en todos sus dominios. En esos años proliferaban los enfrentamientos entre católicos y hugonotes (denominación que se daba a los calvinistas), y precisamente Antonio de Borbón, esposo de Juana, se había pasado en 1561 al bando católico, falleciendo un año más tarde mientras sitiaba a los protestantes en Rouen. Con esta divisa, escrita en castellano, la reina reafirmaba sus convicciones religiosas de forma inequívoca “Hasta la muerte”.

            Estos jetones emitidos en la Navarra Francesa, parecen establecer un diálogo premonitorio entre Antonio y Juana. A la afirmación del primero de “no son tales mis amores”, leyenda que rodea el escudo de Juana de Albret, ésta, tras el fallecimiento de su marido contesta con una reafirmación en su fe protestante “hasta la muerte”. La causa de que estas leyendas figuren excepcionalmente en castellano y no en latín, como en el resto de las numerosas monedas y jetones emitidos en la Navarra Francesa y Bearne, permanece siendo un misterio difícil de resolver.

            Como curiosidad, y a pesar de que en los primeros tiempos de la emancipación de los Estados Unidos de América se utilizó el denominado “Spanish dollar” o Real de a 8 español como moneda oficial(3), la primera vez que aparece un texto redactado en castellano en una moneda de Estados Unidos, es en marzo del 2009, cuando se emite la pieza de 25 centavos dedicada a Puerto Rico, en esta denominada “peseta puertorriqueña” o “peseta boricua” aparece la frase en español “Isla del Encanto”.


Notas:
(1)                  Se produce una excepción, con textos nuevamente redactados en latín, en algunas emisiones del pretendiente Carlos VII (1868-1876).   
(2)            Más conocido que la presencia del castellano en los jetones de la reina de Navarra, resulta su mecenazgo en la traducción del Nuevo Testamento al euskera, la conocida “Biblia protestante de Leizarraga” (Iesus Christ Gure Iaunaren Testamentu Berria). El ejemplar que estuvo en posesión de la Reina Juana fue adquirido por 33 millones de las antiguas pesetas el 15 de marzo de 1995 por la Caja de Ahorros de Navarra y depositado en la Biblioteca General de Navarra el año 2014.
(3)          Ver el artículo: Elorigen de las Columnas de Hércules en la moneda española. Eco Filatélico y Numismático 68(1204) (Febrero 2012): pp. 42-43.