martes, 15 de diciembre de 2015

Constantino y el culto al "Sol Invicto", un preludio de la Navidad.

Constantino y el culto al “Sol Invicto”, un preludio de la Navidad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 61(1136) (Diciembre 2005): pp. 50-51.

Miguel Ibáñez Artica.

            Aunque la fecha real del nacimiento de Jesús puede remontarse hacia la primavera del año 5 antes de Cristo, la tradicional festividad navideña tiene un origen desconocido. A comienzos del siglo segundo, dentro de los diez primeros días de Enero se celebraban en la misma fecha, la Navidad, los Reyes Magos y el bautismo de Jesús, los armenios aún celebran la Natividad el seis de Enero.


Representación navideña en un códice medieval y en un jetón del siglo XVI.

            Su traslado a la fecha actual tuvo como finalidad contrarrestar la enorme popularidad del culto al “Sol Invicto” en tiempos del Emperador Constantino el Grande. Este culto al dios Sol, procedente de Siria, fue instaurado por Caracalla a comienzos del siglo tercero y aunque tras la violenta muerte del emperador Heliogábalo en el año 222 d.C. quedó prohibido, Aureliano (270-275) lo reinstauró de nuevo por motivos políticos, fijándose su aniversario el 25 de diciembre, día natalicio de las divinidades solares orientales.

            La fecha no es casual, tras el solsticio de Invierno, los días comienzan a alargarse, tras un período de reducción que se inicia a partir del 24 de Junio. Es como si por fin el sol triunfase sobre la oscuridad, un “sol invencible” adorado como un dios. Curiosamente el emperador Constantino I (306-337) que oficializó el cristianismo en Roma, acuñó una gran cantidad de monedas con la figura del “sol invicto”, deidad que en esta época tenía una gran importancia en Roma (Figura 1). Tras la adopción del cristianismo se trasladó la fiesta de la Navidad (nacimiento del Niño Dios) al mismo día que se celebraba el rito pagano del nacimiento del sol, el 25 de diciembre y de esta forma, aunque con un cambio en la divinidad a la que se rendía culto, se conservaba la tradición popular de la fecha de la celebración. También hasta esas fechas, el día semanal de descanso para los cristianos seguía siendo -según la tradición judía-, el sábado, pero el edicto de Constantino en el año 321 d.C. trasladó esta festividad al Día del Sol (el domingo-“Sunday”).


Figura 1.- Tesorillo de monedas de Constantino I, representando la figura del “Sol Invicto”.

            Se ha exagerado el papel de Constantino como introductor del cristianismo. En realidad su predisposición y tolerancia hacia la nueva religión era interesada, los cristianos eran numerosos y Constantino los necesitaba para combatir a Majencio en su lucha por el Imperio. En el año 312 d.C., Majencio fue aniquilado en la batalla de Puente Milvio, y la tradición señala que, inmediatamente antes de la mencionada batalla, Constantino tuvo la visión de una cruz luminosa pendiendo en el cielo. A partir de aquí se ha venido aceptando que el emperador convirtió el Imperio Romano al cristianismo, sin embargo esto no es lo que nos transmite la numismática, que nos muestra solamente representaciones de dioses paganos (Júpiter y el Sol) en sus monedas (Figura 1). De hecho en el arco triunfal que el senado construyó en el coliseo para celebrar la victoria de Constantino, la inscripción señala que la victoria de debió a la mano de la deidad, pero del dios “Sol Invicto” del que Constantino fue durante toda su vida su Sacerdote Supremo. El emperador fue finalmente bautizado el año 337 en su lecho de muerte, tal vez imposibilitado para negarse a ello.

            El culto al Sol Invicto era esencialmente monoteísta,  asumía que el dios sol era la suma de los atributos de todos los otros dioses, así de forma pacífica, asimiló a todos sus posibles competidores, además armonizaba convenientemente con el culto de Mitra, muy popular en el Imperio Romano en esa época y que también incluía la adoración del sol. Dentro de la política de Constantino de conseguir la unidad política, territorial y religiosa del extenso y  diverso Imperio Romano, una religión estatal que aglutinara a todos los cultos era en esos momentos la más conveniente, y fue precisamente bajo los auspicios del “Sol Invicto” como el cristianismo consolidó su implantación. Las tres religiones más populares en esa época (Sol, Mitra y Cristianismo), finalmente acabaron confluyendo en una sola, el cristianismo (Figura 2).


Figura 2.- Las tres religiones monoteístas del Imperio Romano: Mitra, el Sol Invicto y el Cristianismo.

            Constantino construía al mismo tiempo iglesias cristianas y estatuas a la diosa Cibeles y al Sol Invicto, en este caso con las facciones del propio emperador. La fe era para el emperador estrictamente una cuestión de estado, y cualquier religión que condujera a la unidad era tratada con preferencia. Así convocó el Concilio de Nicea el año 325 donde quedaron establecidas las reglas de la Iglesia y se decidió por mayoría que Jesús era Dios y no un simple profeta mortal, tal como sostenía el arrianismo.

            Si bien lo más frecuente en las emisiones monetarias del emperador Constantino es que aparezcan representados dioses paganos, ocasionalmente muestran símbolos cristianos asociados a la figura del emperador, como por ejemplo en una temprana moneda de plata acuñada en la ceca de Ticinum (Pavía, Italia. R.I.C.VII, 36) donde aparece el busto del emperador con escudo, cota y casco adornado por un pequeño cristrograma, detalle que se repite en un pequeño “nummus” de Siscia (Croacia; R.I.C.VII, 95). Resulta curioso que en todos los casos el elemento cristiano aparezca asociado a una imagen del emperador fuertemente armado con casco, coraza, escudo y lanza. Posiblemente Constantino utilizaba el crismón como elemento decorativo en su armadura y así es como figura también en las escasas monedas donde aparece el símbolo cristiano.

            La primera cruz cristiana claramente representada en una moneda aparece en una tardía emisión del tipo de los “dos soldados” (leyenda “GLORIA EXERCITVS”) acuñada en Aquileia (Italia) y que puede datarse entre los años 334-5 (R.I.C. VII ns. 124-7). Su presencia parece responder más a una concesión a los encargados monetarios de la ciudad, probablemente cristianos, que a una intencionalidad explícita del Emperador en representar la cruz en sus monedas (Figura 3).


Figura 3.- Medio centenonial de Constantino I. Ceca de Aquileia (334-335 d.C.). Al fondo una representación pictórica renacentista de la victoria de Constantino en el Puente Milvio.
Reverso: GLORIA EXERCITVS, dos soldados enfrentados, dos estandartes y entre ellos la cruz | AQS en exergo (RIC VII 124).

            Los símbolos cristianos aparecerán de forma inequívoca algo más tarde, en algunas monedas de oro y plata acuñadas por sus hijos Constante (337-350 d.C.) y Constancio II (337-361), en las que la figura del emperador porta un estandarte con el crismón (símbolo cristiano). En cuanto a las pequeñas monedas de bronce, Constante acuñó en la ceca de Siscia una emisión del tipo de “dos soldados” en cuyo reverso aparece en forma destacada la figura del crismón en el estandarte central que portan los soldados (Figura 4). Aparte de estas apariciones relativamente puntuales, es a partir de Teodosio I (379-395) cuando las representaciones monetarias se “cristianizan”, dentro de una política general de supresión del tradicional paganismo y afirmación de la religión cristiana, y donde las monedas, además de su función económica, servían como elementos de propaganda política del Estado (en este caso lo político y lo religioso se encuentran fuertemente entremezclados).


Figura 4.- Monedas de Constante con estandarte donde figura el símbolo cristiano.


martes, 1 de diciembre de 2015

Los primeros "tokens" y el origen de la escritura.

Los primeros “tokens” y el origen de la escritura. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1138) (Febrero 2006): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.

            El término anglosajón “token” describe cualquier tipo de ficha utilizada con fines contables, monetarios, propagandísticos o de celebración de algún acontecimiento especial (bodas, comuniones, bautizos…). La palabra deriva del vocablo anglo-sajón “tacen” = símbolo o signo, y aunque podría considerarse sinónimo del término francés “jetón” o del español “ficha”, en inglés presenta un significado algo más amplio, de forma que se aplica tanto a objetos monetiformes como a otros de aspecto muy variado, como por ejemplo los “slave tokens” (tokens de esclavos), como suele designarse a las “manillas”, objetos de latón con aspecto de pulsera fabricados en Europa y utilizados como moneda para la compra de esclavos en las costas africanas(1).

            La historia de estas “fichas”, “tokens” o “jetones” resulta particularmente interesante ya que constituyeron los cimientos de lo que más tarde se convertiría en la escritura. Los primeros “tokens” fueron fabricados por el hombre con la finalidad de conservar la información de sus posesiones (aceite, grano o ganado), y surgieron hacia el año 8.000 antes de nuestra Era en la antigua civilización Sumeria. Eran pequeñas fichas o tokens de arcilla de uno a dos centímetros de tamaño, cónicas, cilíndricas, esferas o discos planos, con forma de animales, etc…(Figura 1).


Figura 1.- Diferentes tipos de “tokens” sumerios.

Cada tipo tenía un significado concreto, cada token constituía un ideograma que simbolizaba una determinada mercancía, por ejemplo, un disco con una línea incisa representaba una medida de miel, con dos líneas en forma de cruz, una jarra de aceite, conos y esferas simbolizaban diferentes unidades de cereal, etc…. Estos pequeños objetos tenían una función contable, sirviendo exclusivamente para conservar la información de los bienes acumulados en palacios y templos, y su uso era un instrumento de poder de la élite que controlaba los bienes reales (Schmandt-Besserat, 1992). En una primera fase que coincide con los inicios de la “revolución neolítica” (entre el 8.000 y el 7.500 a.C.) se utilizaron solamente tokens planos y sencillos, mientras algo más tarde, hacia el cuarto milenio antes de nuestra Era, surgieron tokens más complejos coincidiendo con un incipiente desarrollo urbano (Schmandt-Besserat, op. cit.) (2).

            Este primitivo sistema de tokens constituyó un verdadero medio de comunicación, cada elemento constituía un ideograma o singo para representar un concepto o una unidad de mercancías, de hecho constituyen el primer código no verbal inventado por el hombre para transmitir información económica (Schmandt-Besserat, 1999). Un hecho que puede resultar significativo es que en algunos casos, se han encontrado estos tokens en depósitos funerarios del sexto milenio antes de nuestra Era, lo cual parece conferirles un valor simbólico. El difunto era enterrado junto con los símbolos de sus posesiones o con ofrendas simbólicas  (ganado, cereal, aceite…). 

            Los tokens se guardaban dentro de una especie de hucha esférica de arcilla (Figura 2), y el sistema tenía el inconveniente de que cada vez que era necesario realizar una comprobación, era preciso romper el recipiente para contar los tokens contenidos en su interior, por este motivo el primer paso, fue marcar sobre la superficie de estos recipientes las figuras de los tokens contenidos en cada uno de ellos. La operación era muy sencilla y consistía en utilizar los mismos tokens como sellos, dejando en la pared exterior de las vasijas usadas como huchas, la impronta o marca impresa con su forma. Estos recipientes se dejaban secar sin cocer, de forma que podían romperse con facilidad para comprobar su contenido. Pronto se cayó en la cuenta de que este sistema permitía prescindir de los tokens, ya que bastaba con marcar la impronta de los tokens sobre una superficie de arcilla para conservar la misma información que contenían las huchas y de esta forma surgieron los primeros registros escritos.


Figura 2.- Cápsulas (“huchas”) y tokens contenidos en ellas, procedentes de las excavaciones      de la ciudad sumeria de Uruk (Irak).

            En el cuarto milenio antes de nuestra Era, en la ciudad sumeria de Uruk se llegaron a utilizar hasta 250 tipos diferentes de tokens que simbolizaban, además de los productos agrícolas y ganaderos, representaciones de textiles, perfumes, herramientas, vestidos, joyas, mobiliario, etc…

            Se da la circunstancia de que el hombre descubrió antes el cálculo que la escritura, y de hecho la primera forma de escritura cuneiforme se utilizó precisamente para llevar un registro de los tokens que se guardaban en pequeñas huchas de barro, y hacia el año 3.300 antes de nuestra Era, finalmente las pequeñas tablillas de arcilla con unos signos grabados sustituyeron a los tokens utilizados para contar (Figura 3). ¡Había nacido la escritura! Todavía se siguieron utilizando las pequeñas fichas de arcilla durante medio milenio, hasta que fueron definitivamente sustituidas por los registros impresos en tablillas hacia el año 2.700 a.C. Progresivamente la escritura cuneiforme se hizo fonética surgiendo palabras monosilábicas y finalmente la invención del alfabeto hacia el 1.500 a.C. culminó el largo proceso de creación de la escritura tal y como la conocemos.


Figura 3.- Tablillas de arcilla con inscripciones de los tokens, antecedentes inmediatos de la escritura cuneiforme (Irán).

Bibliografía:
Schmandt-Besserat, D., 1992.
Before Writing. Vol. I: From Counting to Cuneiform. Austin Texas. Univ. Press.

Schmandt-Besserat, D., 1999.
Tokens: The cognitive significance. Documenta Praehistorica. Vol. XXVI.

Notas:

(1) Ver artículo sobre “Manillas y calderos utilizados como moneda” en el Eco Numismático y Filatélico de Diciembre del 2004.


(2) Varios milenios más tarde, en la Edad Media, se volvieron a fabricar “jetones” o fichas con aspecto de monedas, cuya función era en este caso la de realizar operaciones aritméticas, colocando estas fichas sobre una tabla de madera provista de unas líneas o cuadrículas. En este caso los jetones representaban o simbolizaban a las monedas.